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. Ponencia presentada en el encuentro "DEUDA EXTERNA ILEGÍTIMA DE LA DENUNCIA PROFÉTICA A LA INCIDENCIA POLÍTICA Y JURÍDICA", Buenos Aires - 20 al 23 de Septiembre de 2005.

UN ABORDAJE BÍBLICO-TEOLÓGICO DE LA PROBLEMÁTICA SOCIOECONÓMICA

Por Dr. René Krüger.


1. La humanidad a la intemperie------------------------------------------------------------------- 1
2. La esencia de un sistema destructivo-------------------------------------------------------- 1
3. Ataduras ideológicas y económicas de la religión imperial--------------------------- 3
4. Nuestro punto de partida: Jesucristo, el Señor Crucificado y Resucitado------ 4
5. Dos hermenéuticas en pugna------------------------------------------------------------------- 5
6. Un recorrido diacrónico por las propuestas bíblicas------------------------------------ 6
7. Síntesis económico-teológica------------------------------------------------------------------- 8


1. La humanidad a la intemperie

Desigualdades sociales, exclusión, miserización, deuda externa, especulación, inestabilidad financiera – ésos son términos que se han instalado no sólo en el repertorio de ciertos economistas, sociólogos y políticos comprometidos con la realidad de los miembros más pobres de nuestros países, sino también en el vocabulario de muchas Iglesias.

Ello se debe a que más allá de una pobreza histórica de las ex colonias de muchos países europeos, el sistema económico neoliberal globalizado ha producido en el llamado Tercer Mundo un número creciente de personas hambrientas, enfermas, marginadas, empobrecidas, perseguidas y otras víctimas; de manera que no sólo se van agotando las posibilidades y los recursos de la diaconía tradicional de las iglesias, sino que también va surgiendo cada vez con más fuerza la pregunta acerca del sentido mismo de este servicio; a la vez que se siente la necesidad de intervenir activamente como cristianas, cristianos e Iglesias en los procesos de denuncia, búsqueda y construcción de alternativas.

El globo inflado del año 2000 de una nueva era y del nuevo milenio explotó y llenó de esquirlas a la humanidad. Hace más o menos una década, se creía que iba a haber más paz, bienestar y felicidad después de ese siglo XX lleno de revoluciones, guerras mundiales y salvajismo; pero a media década del número simbólico 2000 resulta que la situación es prácticamente peor que antes. La pobreza, la miseria, la explotación, la muerte avanzan cada vez más. Ésta es una anticultura de exclusión y muerte. El panorama rioplatense es un concentrado de lo que pasa en el continente; agravado por la corrupción en todos los órdenes, la violencia, la inseguridad y la caída de la clase media. Cada vez más seres humanos tienen que vivir a la intemperie, en sentido figurado, pero también literalmente. Nuestras Iglesias también son parte de ese cuadro difícil.

2. La esencia de un sistema destructivo

La estructura fundamental del neoliberalismo consiste en la absolutización del mercado, que se impone mediante la desregulación, la liberalización y la privatización de todas sus esferas y el consiguiente retiro del control regulador del estado sobre la economía. Para mayor precisión terminológica, es necesario emplear consecuentemente la fórmula globalización neoliberal o neoliberalismo globalizado, evitando el término globalización a secas, pues ésta abarca cuestiones económicas, sociales, culturales e incluso psicológicas, y su empleo impreciso ha producido más confusión terminológica y semántica que aclaración conceptual.

Se trata de una nueva fase del capitalismo mundial que combina todas las formas de poder y afecta todas las dimensiones de la vida . El sistema de producción cambió a un sistema financiero imperial sostenido por poder ideológico, político y militar. La economía dejó de existir como organización del bienestar general de las personas, pues cada vez menos el capital se destina a la producción sustentable de bienes y servicios. En lugar de ello, el capital está concentrado en negocios financieros, causando desempleo y degradación de las condiciones de trabajo e incrementando el endeudamiento estructural. La naturaleza es considerada como mera materia prima para la acumulación de riqueza. La tecnología sirve a los mismos propósitos, a riesgo de causar peligros irreversibles en el caso de la biotecnología. El interés fundamental de los dueños del mercado es maximizar la acumulación de riquezas para unos pocos que de por sí ya tienen mucho. Este proceso es acompañado por una estrategia hegemónica militar también globalizada que protege sus intereses económicos en todo el mundo. En términos teológicos, estamos ante un pecado estructural de dimensiones mundiales.

Los motores sociales no son la educación, el progreso, el bienestar y el mejoramiento de la situación de todos y todas; sino la codicia, la rapiña y la violencia, y todo ello para que algunos pocos acumulen más y más. Gigantescos capitales transnacionales se mudan electrónicamente de un lugar a otro, destrozan economías nacionales, producen quiebras de empresas, vacían bancos y con ello a millones de personas. Son manejados por intereses salvajes injustos e inhumanos como nunca antes en la historia; y la mayor parte de las riquezas, el dinero, los bienes y los servicios se concentran en muy pocas manos de quienes que nadan en la opulencia y el derroche. Los países más ricos explotan despiadadamente a los medianos y pobres; y su instrumento de preferencia es la deuda externa, en buena parte ilegítima y además ya pagada varias veces por el aumento unilateral de los intereses.

La característica más significativa es la dramática convergencia de las crisis para los países del Sur. Los nuevos signos de los tiempos son la integración sin paralelos de la globalización económica y de la geopolítica global, con los efectos negativos del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, que dictaminan la desregulación, las inversiones especulativas sobre las economías nacionales del Sur y los procesos vinculados a la deuda externa.

De esta manera la economía y las finanzas, en vez de sostener y fomentar la vida, se han degenerado para convertirse en un sistema totalitario que beneficia a cada vez menos personas, mientras que la amplia mayoría de la humanidad y la naturaleza son expuestas sin protección a la destrucción.

El neoliberalismo globalizado se evidencia como la mentira mejor organizada de toda la historia: exige la libertad total del mercado prometiendo que de esta manera se llegará al bienestar y la abundancia para toda la humanidad; y quienes menos cumplen con este esquema son precisamente los que lo imponen.

Este sistema es nuevo en cuanto a su estrategia de dominación de mucho alcance y abarcadora de la totalidad, en el cual el mercado financiero global se ha transformado en un imperio y a la vez en un dios. Este imperio financiero global es sostenido por el poder militar, político e ideológico; y sus fuerzas determinan la supervivencia de los países y los pueblos en la periferia.

Este proceso de introducción e imposición del neoliberalismo globalizado ha producido un crecimiento económico para ciertos sectores y un empobrecimiento para la mayoría de la población latinoamericana. Se impone, pues, una reflexión urgente sobre las implicancias de la introducción de este sistema. Para quienes queremos hacer esta reflexión desde nuestra fe cristiana y como base que sustente nuestro accionar como individuos y como comunidades cristianas, es imperioso partir de las voces de los perdedores, las víctimas y los sacrificados de este proceso.

En la Argentina, la injusticia y la desesperación de la población alcanzó un tope catastrófico y fatal que coincidió con el largamente temido colapso de la economía en diciembre de 2001, acompañado de inmediato por una explosión social. Ahora bien, la crisis argentina con su ataque de rabia generalizada no es un caso excepcional, sino tan sólo el furúnculo reventado de una enfermedad global, sumamente profunda, que consiste en el dominio de las naciones ricas, la acumulación, el capital financiero internacional y los ricos en el sur mismo sobre los países pobres y particularmente sobre los pobres de estos países. El caso argentino, donde más de la mitad de la población vive debajo del nivel de pobreza (cuando hace 25 años por lo menos el 60 % de la población pertenecía a la clase media y había tan sólo un 10 % de pobres), evidencia a las claras el fracaso de este modelo económico sin ningún tipo de control. La fuerte pugna entre la economía social de mercado y el neoliberalismo rabioso en el seno de las naciones ricas indica que estos países también sufrirán la disgregación entre ricos y pobres.

3. Ataduras ideológicas y económicas de la religión imperial

El tema de la globalización neoliberal y la deuda externa se ha instalado en diversos círculos como púa con gancho en la carne de la reflexión teológica. La cuestión tiene tanta sustancia que debería constituir uno de los ejes centrales del quehacer teológico. Con esta espina están relacionados varios ítems que de tanto en tanto asomaban en la masa de la reflexión teológica crítica, pero que ahora aparecen estrechamente relacionados entre sí: pobreza, riqueza, exclusión, género, víctimas, ciudadanía responsable, ecología, tierra, situación de pueblos originarios, justicia, explotación, derechos humanos, imperialismo, genocidio, violencia. Cada uno de estos ítems se convierte hoy en un tema ético prioritario, enmarcado en el vasto panorama del desafío que constituye el sistema socioeconómico mundial.

La crisis socioeconómica sufrida por más de la mitad de la población mundial se revela como una crisis espiritual y de valores, pero no en un sentido moralista, sino de un cuestionamiento radical de los valores fundamentales que sostienen a la humanidad. El análisis ético y teológico de la situación evidencia que no estamos ante efectos secundarios de procesos de por sí benignos ni de destinos trágicos ocasionados por la “mano invisible del mercado”; sino de decisiones muy fríamente calculadas por quienes manejan a nivel mundial el poder económico, político y militar; y ello hace preguntar por las posibilidades que tienen los sistemas de fe – las religiones – en intervenir en la denuncia de los procesos actuales y en la búsqueda y construcción de alternativas.

Desde Constantino en adelante, la religión mayoritaria de Occidente era una religión imperial. Sin considerar aquí la evolución en Bizancio y en Moscú, que también tuvieron sus religiones imperiales, cabe destacar que varias de las iglesias evangélicas originadas en la Reforma también derivaron en religiones imperiales. Al respecto, desde el punto de vista de la crítica ideológica da lo mismo si se trata de iglesias estatales en un principado, un reino, un imperio con un zar o con un emperador; o simplemente de iglesias sumisas al estado y a la autoridad en las democracias modernas. Iglesias oficiales, aún si hay varias de ellas en un país, quedan “pegadas” a la categoría englobante de la religión imperial que brinda cobertura ideológica a quienes ostentan el poder dominante y explotador.

La historia latinoamericana como también la evolución en otros lugares evidencia que el carácter de religión oficial, estatal o imperial de una determinada configuración histórica de la fe cristiana muy frecuentemente se ha convertido en impedimento para la libre y fiel proclamación del evangelio, pues anula la levadura del Evangelio y su principio de protesta y critica contracultural. En toda religión imperial, la iglesia deja de estar sólo en el mundo y llega a convertirse en mundo.

Durante la última década del siglo XX, el neoliberalismo globalizado se ha convertido en religión imperial. Por los efectos negativos de este sistema sobre la mayor parte de la población mundial también quedan desacreditadas aquellas iglesias que otorgan legitimación ideológica a los poderes que impulsan la imposición de este sistema.

Lamentablemente esto también se aplica a aquellas iglesias que si bien no son estatales u oficiales, por su tradición teológica y el disfrute de ciertos privilegios manifiestan una tendencia a una marcada actitud servil ante al estado, coloreando de esta manera con el manto del orden y la decencia a aquellas fuerzas conservadoras que sacan suculentos beneficios de la globalización neoliberal.

Frente a la pobreza en franco avance a nivel mundial y ante la destrucción ecológica, todas las iglesias – las ricas y las pobres – deben preguntarse si quieren continuar “pegadas” a la religión imperial oficial – el neoliberalismo globalizado –, o si están dispuestas a transformarse en iglesias que se despiden de manera inequívoca de esta religión imperial, para vivir y proclamar sin ambages el Reino de Dios.

Es penoso ver con qué lentitud reaccionan ciertos círculos cristianos y cómo siguen apegado al sistema imperial, mientras que en América Latina incluso muchos defensores otrora ingenuos del neoliberalismo comienzan a reconocer lentamente que ese modelo económico tan alabado hace una década no ha producido el prometido bienestar para todos, sino que sólo ha enriquecido una pequeña capa de la población, mientras que la mayoría se empobreció trágicamente.

En nuestro caso, por el llamado que sentimos nos viene de Dios mismo, la doble tarea de crítica por un lado y de búsqueda por el otro se vincula estrechamente con la atenta lectura de la Palabra de Dios. Afirmamos que su mensaje es crítico, contracultural, renovador, desafiante y constructor para todas las épocas y situaciones de la humanidad.

4. Nuestro punto de partida: Jesucristo, el Señor Crucificado y Resucitado

La misión de la iglesia es la proclamación del señorío de Jesucristo para la salvación de todas las personas, el llamado a la fe en él y al seguimiento en una comunidad viviente. Es parte esencial de esta misión esforzarse por realizar la salvación en Jesucristo – recibida por gracia mediante la fe – en una nueva vida, a la cual pertenece también la construcción de comunidad solidaria, sin exclusión, marginación o anulación del prójimo. El empobrecimiento, la marginación, la exclusión, el hambre tocan el corazón de la Iglesia, porque la base de nuestra fe, la Biblia, nos enseña otros valores para organizar la vida: el amor, la misericordia, la protección de la vida, la justicia.

Así como el frío y el calor no pueden ser reconocidos teóricamente, sino tan sólo a través de la percepción y la participación, la actual situación socioeconómica sólo puede ser reconocida a partir de la situación de las personas más afectadas y dañadas. La necesidad debe ser percibida y comprendida “desde abajo”. Es decir, nuestra base para la reflexión sobre la cuestión socioeconómica debe ser la situación de quienes constituyen la mayoría perdedora del proceso de globalización neoliberal, la injusta distribución de bienes y servicios, la explotación secular de una gran parte de la humanidad por un grupo relativamente pequeño de dominantes, la exclusión, la necesidad.

Ello se combina con el hecho de que para nosotros como cristianos, cristianas e Iglesias, el único punto de partida teológico válido sólo puede ser Jesucristo, el Señor Crucificado y Resucitado, en este orden y con esta formulación. La cruz sola significa depresión; y alcanza con mirar al Cristo lleno de sangre y lágrimas de los templos de la colonia española y portuguesa en nuestro continente para darse una idea de cómo fue usada la religión para acompañar la explotación de indígenas y esclavos negros. Por su parte, la resurrección sola puede derivar en gloria, iglesia majestuosa, éxito, teología de la prosperidad y otras tergiversaciones del Evangelio. Pero ambas juntas, la cruz y la resurrección, forman el camino del Mesías.

Entendemos que únicamente con este mensaje vivimos y proclamamos fielmente el Evangelio tal como nos es transmitido por las Sagradas Escrituras y como ha sido comprendido por la hermenéutica de la Reforma.

Junto a la cruz de Cristo y en medio de la comunidad formada por el Resucitado, hay lugar para los miembros débiles, marginados, despreciados, pobres, abatidos, desesperados y pecadores de la sociedad.

Postulamos, pues, que la encarnación, la cruz y la resurrección de Jesucristo y las cruces de los débiles, los perdedores, las víctimas y los sacrificados de este sistema conforman la base sobre la cual hemos de construir nuestra reflexión y nuestro accionar.

5. Dos hermenéuticas en pugna

Por definición, la globalización se refiere a todo el globo terráqueo. Sin embargo, en muchos análisis y declaraciones del norte nosotros, los del sur, lamentablemente echamos de menos la perspectiva universal y la conciencia de que los contrastes y la miseria en el hemisferio sur constituyen el revés y el subproducto histórico de la acumulación de la prosperidad del norte y de la pequeña clase pudiente en el sur. Y sobre todo echamos de menos la perspectiva con la cual la Biblia enseña encarar la situación, a saber, la de las víctimas.

Para el sur resulta chocante que el norte aplique con frecuencia un esquema simplista de valoración que busca contrapesar aspectos y elementos negativos y supuestamente positivos de la globalización neoliberal, y que luego trate de dar consejos para reparar daños y poner freno a los efectos negativos del sistema, un poco según la lógica ingenua de “retener lo bueno y corregir lo malo”. Con este esquema se intenta “empotrar” la globalización en el modelo de la economía social de mercado.

Este procedimiento evita todo conflicto con los poderes económicos, políticos y militares y tiene, además, una función de “coartada”, pues un sistema, cuyos efectos malos pueden ser criticados en vista de su mejoramiento y cuyos supuestos lados buenos pueden ser reconocidos, “no puede ser tan malo”.

En cambio, en el hemisferio sur se señalan una y otra vez los efectos negativos masivos del sistema económico globalizado. El sometimiento de la humanidad y de la naturaleza entera a la lógica de la mera acumulación del capital es denunciado como inhumano, negador de la vida y pecaminoso. Asimismo, se subraya el hecho de que la mayoría de los ganadores de este sistema viven cómodamente en el norte y en algunos pocos centros del sur, mientras que los explotados y excluidos vegetan y mueren en el sur. El punto de partida de la hermenéutica del sur no es una búsqueda abstracta de la verdad mediante discusiones equilibradas y académicas sobre filosofía económica, sino la necesidad de la supervivencia y la búsqueda de justicia. Para ello se parte de las condiciones de vida de las personas perjudicadas por la globalización neoliberal. Aquí no se trata de diferencias subjetivas y culturales entre la fría ratio del norte y el temperamento apasionado del sur. Se trata de una cuestión de vida o muerte.

Dado que el proceso abarca la tierra entera, la supuesta necesidad de una diferenciación entre las situaciones del norte y las del sur, afirmada con frecuencia, no es otra cosa que una ficción. Ello se constata por el hecho de que las conquistas de la economía social de mercado del norte también se van eliminando sistemáticamente y que crece el número de los perdedores. Las “reformas”, los “programas de ahorro” y “pactos de estabilidad” europeos son tan sólo la vanguardia de los programas de adaptación estructural ya sufridos hace tiempo por el sur, en ocasión de cuya introducción nuestros políticos incluso tenían la desfachatez de presentarlos como sacrificios necesarios, formulación ésta que tan sólo pretendía sublimar mediante una fórmula religiosa el saqueo agravado de los pobres y el despojo de la clase media; e incluso desviar la atención de uno de los mecanismos fundamentales de este saqueo: la deuda externa.

6. Un recorrido diacrónico por las propuestas bíblicas

Sobre la base del doble punto de partida anclado en el Crucificado y Resucitado y en la situación de las víctimas, nos acercamos a la Biblia en busca de orientación para una correcta evaluación de las cuestiones sociales y económicas.

La Biblia contiene numerosos textos sobre la economía y las relaciones socioeconómicas. El marco genérico bajo el cual la Biblia ve estas esferas es la perspectiva de pobres y ricos, pobreza y riqueza. A su vez, ella coloca este problema fundamental de pobres y ricos dentro del marco de la pregunta decisiva Dios o el Mamón. Con ello se indican dos economías: la economía de lo suficiente para todos y todas, y la economía de la acumulación de riquezas para unos pocos propietarios.

Desde los tiempos bíblicos, la pregunta acerca del origen de la pobreza y de la riqueza ha sido respondida por la clase dominante con una ideología justificadora de los abismos socioeconómicos que veía en la riqueza una muestra de la bendición de Dios. A lo largo de la historia, han sido desarrolladas también definiciones metafísicas adicionales: “Es voluntad de Dios”, “Siempre hubo y habrá pobres”, “Es el destino”, “Es fuerza mayor”. Esto llevó a la autojustificación de los ricos y al desprecio de los pobres. En consecuencia, este paquete ideológico descalifica al pobre como haragán, falto de inteligencia e incapaz; y para colmo de males, castigado; en tanto que considera al rico como aplicado, trabajador, exitoso y bendecido. Mientras aplica estos calificativos morales, la misma ideología (religiosa o secularizada) de la bendición no es capaz de hacer un cuestionamiento ético a los procederes de la apropiación, la defensa egoísta y la acumulación de la riqueza por unos pocos.

En el ámbito de lo político, estas representaciones mentales simbólicas de índole religiosa y metafísica encontraron en la última década del siglo XX una analogía metamorfoseada en afirmaciones tajantes como: “Luego de la caída del sistema comunista, quedó demostrada la superioridad del sistema capitalista”; “No hay alternativas; no se puede hacer nada” (TINA: There is no alternative), “Nadie puede salirse del sistema globalizado”. Sin embargo, al no ser otra cosa que justificaciones de una situación dada, todas estas apreciaciones son meramente encubridoras de la realidad.

Una aproximación económica, política y social crítica, a la vez que teológica, lleva a sostener que el desequilibrio y la exclusión y sus mecanismos como la deuda no tienen nada que ver con órdenes perennes, destinos metafísicos o mecanismos socioeconómicos inevitables; sino con la injusta distribución de los medios de producción, bienes y servicios; y con actitudes y decisiones económicas, legales y de poder muy concretas e identificables.

Una excusa barata solía afirmar que las propuestas económicas de la Biblia no se podían aplicar en la actualidad, porque en la época bíblica la situación era totalmente distinta. Esto podrá haber tenido validez para el traslado de elementos del sistema monárquico al nuestro; pero la investigación evidenció que ya desde el siglo VIII a. C. se desarrolló en toda la región una configuración económica de mercado, basada en la propiedad privada en proceso de absolutización, en una economía financiera y de intereses, y en la producción en latifundios con un sistema esclavista . En tierras bíblicas, la introducción de este modelo llevó a un quiebre de la solidaridad de los agricultores y dividió la sociedad en gente sin tierra y esclavizados por un lado y latifundistas y grandes comerciantes por el otro. A ello se agregó la escisión entre el campo y la ciudad, enriqueciéndose en ésta la corte, funcionarios, sacerdotes y posteriormente publicanos. Los imperios helenísticos herederos de Alejandro Magno y el romano se basaron en estos antecedentes.

El capitalismo europeo de la era moderna empalma con este esquema, agregándole los nuevos medios de producción. Con el reciente desmantelamiento sistémico de la economía social de mercado – allí donde ésta pudo desarrollarse – por la imposición global del sistema neoliberal, el mecanismo de la acumulación continúa creciendo cada vez más.

Los diferentes rechazos bíblicos de la opresión, la explotación, la injusticia, la marginación, etc. se dirigen contra las formas aún primitivas de los mecanismos sistémicos de enriquecimiento por un lado y de empobrecimiento por el otro. No se trata de meros juicios ético-morales sobre algunos individuos inmorales, sino de juicios tajantes sobre los sistemas socioeconómicos como tales, claro está, siempre manejados por individuos y grupos de intereses. Aquí es importante tener presente la siguiente evolución cronológica de la historia de Israel :

1. Luego de la liberación del sistema político-económico del trabajo forzado en la esclavitud bajo el faraón divinizado en Egipto y la época anterior a la constitución nacional de Israel (1250 a 1000 a. C.), se busca construir una alternativa “nacional” bajo la voluntad de Dios, en el sentido de la conservación de la libertad, y caracterizada por la solidaridad familiar y tribal mediante la independencia e incluso la oposición regional y estructural a los grandes imperios del antiguo Cercano Oriente, construidos sobre la esclavitud y altos tributos.

2. En la época de los reyes del reino único y luego dividido (1000 hasta 586 a. C.), se intenta “disciplinar” o “domar” mediante leyes la economía de la propiedad y el sistema real, cuestionado por muchos en Israel. Esto proceso incluye la crítica profética dirigida contra los excesos del poder, la explotación económica de los débiles y el sistema en sí. Es en esta época que las reformas legales de la Torá proporcionan claras contramedidas estructurales frente a los mecanismos socioeconómicos que se van desarrollando, fundamentalmente relacionadas con el régimen de préstamo a interés y la esclavitud por endeudamiento. Mediante leyes económicas y sociales preventivas y correctoras para proteger a quienes se empobrecen, la legislación y la profecía intentan revertir así la destrucción del circuito de la bendición.

3. En la época exílica y persa (586 a 333 a. C.), Israel reflexiona profundamente sobre cómo vivir según los mandamientos de su Dios dentro del nicho que le permite ocupar el imperio, esforzándose por construir alternativas frente a la normalidad del Oriente antiguo y formando una especie de “República de la Torá” en el marco del imperio persa.

4. En la época de los imperios totalitarios, primero el helenístico y luego el romano, a partir del 168 a. C. se desarrollan formas de resistencia y de esperanza en el reino de Dios que debe tener cara humana y que superará los imperios. Diversos grupos intentan desenmascarar el carácter antidivino de los grandes reinos o imperios helenístico-romanos y pasan a la resistencia contra la imposición totalitaria de su economía financiera y de propiedad. Las propuestas de estos grupos se hallan en los escritos apocalípticos. Allí también surge con nitidez la fe en el juicio final con su doble resultado de resurrección para la vida eterna y resurrección para el castigo eterno. Jesús y la primera Iglesia participan en este amplio movimiento contracultural y contrahegemónico. En el caso de Jesús se agrega la convicción de que también bajo las circunstancias históricas más adversas el reino de Dios ya va construyendo a nivel microsocial pequeñas alternativas mediante comunidades mesiánicas, que son espacios de contención para todo tipo de personas marginadas, empobrecidas y despreciadas.

7. Síntesis económico-teológica

1. Es imposible negar que han crecido la pobreza, la exclusión, la miseria, las diferencias socioeconómicas en los países del llamado Tercer Mundo; pero también que crece la pobreza en el mundo rico.

2. Este crecimiento de la miseria tiene su raíz en la imposición del sistema neoliberal globalizado, cuya estructura fundamental consiste en la absolutización del mercado, impuesta mediante la desregulación, la especulación financiera, la liberalización y la privatización y el consiguiente retiro del control regulador del estado en el Tercer Mundo.

3. Frente a la pobreza en crecimiento, todas las iglesias deben preguntarse si están dispuestas a transformarse en iglesias que se despiden de la religión imperial del neoliberalismo, para vivir y proclamar sin ambages el Reino de Dios.

4. La base sobre la cual hemos construir nuestra reflexión y nuestro accionar como cristianos, cristianas e Iglesias, son la encarnación, cruz y resurrección de Jesucristo y las cruces de los débiles, los perdedores, las víctimas y los sacrificados de este sistema.

5. Constatamos la pugna de dos hermenéuticas: la del norte, que con frecuencia considera pertinente aplicar un sistema de comparación entre ventajas y desventajas de la globalización, proponiendo mejoras dentro del sistema; y la del sur, que parte de las víctimas y postula la necesidad de un rechazo del sistema y la búsqueda de alternativas.

6. La Biblia ofrece riquísimo material sobre la problemática socioeconómica, colocándola en el margo genérico de pobres y ricos, y planteando la pregunta decisiva Dios o el Mamón. Con ello se indican dos economías: la economía de lo suficiente para todos y todas, donde la política económica posibilita la distribución justa de la riqueza; y la economía de la acumulación de riquezas para unos pocos propietarios, que es una economía salvaje del beneficio propio, basada en la explotación de otras personas, países y continentes enteros. Esta cuestión atraviesa toda la historia bíblica desde el éxodo hasta los tiempos del Apocalipsis.

El Dr. René Krüger, argentino, es Pastor de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata, Profesor de Nuevo Testamento en el Instituto Universitario ISEDET y Rector de esta Universidad privada con reconocimiento oficial, en Buenos Aires, la Capital Argentina.